Venus es un mundo tóxico infernal, con una superficie bajo alta presión y temperaturas lo suficientemente altas como para derretir el plomo y el zinc. Las nubes espesas de Venus y el clima extraño han fascinado a los científicos durante décadas, y ahora se ha revelado que una característica particular en una tiene un gran efecto en la otra.

A diferencia de la Tierra, la mayor parte de la radiación solar es absorbida por las nubes más altas de Venus. Dentro de esas nubes, hay extraños parches oscuros formados por una sustancia misteriosa, que los científicos llaman un «absorbedor desconocido» porque absorbe cierta luz ultravioleta específica del Sol. El absorbedor no está distribuido uniformemente y estas variaciones crean regiones más cálidas en la atmósfera, lo que afecta tanto a las áreas locales como a la circulación global de nubes a gran escala. En un estudio publicado en The Astronomical Journal, los astrónomos muestran que estos parches de absorbente desconocido están afectando el clima de Venus.

El equipo utilizó varios años de datos recopilados entre 2006 y 2017 por Venus Express, Akatsuki, MESSENGER y el Telescopio Espacial Hubble y descubrió un cambio en el albedo, la relación entre la luz reflejada y la luz absorbida por una superficie. El albedo de las nubes varió aproximadamente en un factor de dos alrededor del planeta durante esos 11 años. Según los modelos, esto podría haber producido cambios en el calor de hasta un 40 por ciento en las latitudes más bajas de Venus. Llegaron a la conclusión de que estas variaciones cambiaron el movimiento de las nubes alrededor del planeta.

La temperatura en la superficie de Venus puede alcanzar los asombrosos 465 ºC
La temperatura en la superficie de Venus puede alcanzar los asombrosos 465 ºC. Crédito: NASA

Erica Naone y el coautor Sanjay Limaye, dijeron en un comunicado:

“Es difícil concebir lo que causaría un cambio en el albedo sin un cambio en los absorbentes”.

El cambio en los absorbentes dejó perplejos a los astrónomos. Sin saber de qué están hechos, el equipo ha luchado por comprender qué procesos están impulsando sus cambios. Propusieron varios mecanismos, desde rayos cósmicos hasta cambios regulares en la actividad solar, hasta diferentes cantidades de dióxido de azufre.

Una hipótesis más extravagante hace que los absorbedores sean de origen biológico. Si bien la superficie de Venus es infernal, la cima de la nube es lo suficientemente suave como para posiblemente sostener la vida. Esta idea ha estado funcionando desde fines de la década de 1960 y el año pasado, Limaye y sus colegas analizaron seriamente esta posibilidad.

Limaye sugirió a IFLScience en ese momento que simular la condición observada en las nubes de Venus con mayor detalle desde la comodidad del laboratorio, en particular el Glenn Extreme Environments Rig de la NASA, podría ofrecer algunas respuestas muy necesarias con respecto a la verdadera naturaleza de los absorbentes desconocidos de Venus, antes de ir allí nosotros mismos.

El estudio científico ha sido publicado en The Astronomical Journal.

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