De alguna extraña manera y en condiciones cósmicas inhóspitas, nació una extraña galaxia en el Universo primitivo, apenas 1.500 años después del Big Bang.

El disco giratorio de la Vía Láctea se extiende en un radio de 100.000 años luz y posee millones de estrellas y planetas.

Se estima que para que una galaxia similar se forme, deben pasar al menos unos mil años. Sin embargo, dicha estimación ha sido borrada de un plumazo gracias a unas extrañas observaciones recientes.

Un raro disco giratorio se formó solo 1.500 años después del nacimiento del Universo. Esto contradice todo el conocimiento que se tenía sobre la formación de galaxias similares a la nuestra.

Una galaxia que no debería existir

Galaxia antigua reescribió la formación del Universo
Los modelos galácticos no pueden explicar esta nueva galaxia. Crédito: Fobos92/Wikimedia Commons

Llamada DLA0817g, también conocida popularmente como Wolfe Disk, es, básicamente, una galaxia antigua que muestra nuevos datos sobre la evolución de las galaxias y la época en la que se formaron aquellas similares a la vía láctea, de acuerdo al estudio publicado en la revista Nature.

Marcel Neeleman, cosmólogo del Instituto de Astronomía Max Planck de Alemania, comentó que las galaxias de disco masivo como la Vía Láctea se forman, durante los últimos tiempos, en modelos tradicionales.

Sin embargo, la presencia de una galaxia primitiva es totalmente inesperada ya que, como mencionó Neeleman en uno de los comunicados, la mayoría de estas galaxias parecen un «naufragio de trenes», ya que absorben las nubes de gas caliente que desestabilizan el disco de la galaxia.

Así, se cree que durante un tiempo de varios miles de años, este gas se enfría, lo que permite la creación del disco giratorio.

Dicho esto, las simulaciones numéricas recientes sugieren que tales galaxias podrían formarse tan pronto como mil millones de años después del Big Bang a través de la acumulación de material frío y fusiones.

El descubrimiento del Wolfe Disk

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Vista de Wolfe Disk desde telescopios. Crédito: NASA/Wikimedia Commons

Neeleman dirigió el equipo que descubrió el Disco Wolfe por primera vez hace unos años, con la ayuda del fallecido astrofísico Arthur Wolfe, por quien se apoda la galaxia.

El equipo pudo detectarla gracias a una galaxia extremadamente brillante ubicada detrás de ella. Desde nuestra perspectiva en la Tierra, que iluminaba el gas y el polvo alrededor del Wolfe Disk.

Neeleman y sus colegas han seguido el descubrimiento al examinar este objeto lejano con algunos de los telescopios más potentes jamás construidos: el Atacama Large Millimeter / submillimeter Array (ALMA) en Chile, Karl G. Jansky Very Large Array (VLA) en Nuevo México y el telescopio espacial Hubble.

Los resultados confirmaron que el objeto realmente es una galaxia de disco, y restringieron algunas de sus propiedades clave. Por ejemplo, el equipo registró la velocidad de rotación en unos 272 kilómetros por segundo aproximadamente, un clip similar al de la Vía Láctea.

Sin embargo, dado que estamos viendo esta galaxia como era hace unos 11 mil millones de años, es comprensiblemente mucho más pequeña que la Vía Láctea.

Nuestra galaxia puede superar las escalas en más de un billón de veces más grande que el Sol. Pero Wolfe Disk, como lo vemos en el universo primitivo, es aproximadamente 72 mil millones de veces más grande que el Sol.

Aunque puede haber evolucionado hasta convertirse en una galaxia mucho más grande en este momento. Aún así, nuestra visión de él en el universo temprano todavía es inesperadamente grande y estable para esa época.

Cambiando los modelos de predicción

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Su descubrimiento podría cambiar los modelos de predicción de galaxias. Crédito: FelixMittermeier/Pixabay

Su existencia sugiere que un modelo popular de formación de galaxias, que el estudio llama el «escenario de acreción en modo caliente», puede no estar dando a los científicos una imagen completa de cómo se forman y evolucionan las galaxias.

En este modelo, el gas y la materia oscura se acumulan dentro de halos que se crean en el núcleo central de la galaxia. Estos atraen gravitacionalmente restos de gas que comienzan la formación de estrellas.

En los modelos sobre este proceso, normalmente se necesitan miles de millones de años para que las galaxias se formen. Esto se debe a que cada caída tiende a arrojar estructuras galácticas al caos.

Otro modelo llamado «acreción en modo frío» podría ayudar a explicar los orígenes de galaxias como Wolfe Disk.

Este escenario muestra que los discos estables pueden formarse más rápido. Esto es gracias a la atracción de grupos de gases y fusiones más frías, sin interrumpir en el desarrollo de un disco.

Los expertos aún tienen muchas preguntas sobre este nuevo escenario. Asegurando que la «gran velocidad de rotación y el gran contenido de gas frío dentro de Wolfe Disk siguen siendo complicados de reproducir en la mayoría de simulaciones».

Esto solo demuestra que aun sabemos muy poco sobre la creación del Universo y como se formó nuestra galaxia Vía Láctea. Aún nos falta mucho camino por recorrer para saber todos los misterios que se esconden allá fuera.

Artículo científico publicado en Nature.

Referencias:

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